Rosell hace dudar a Guardiola
Con la Liga tirada de forma incomprensible a la basura y con un presidente cada vez más débil a quien se le ha escapado desde ya hace muchos días el control de un club y de una situación que le viene grande, el Barça necesita aferrarse lo más pronto posible a la continuidad de su entrenador para recuperar el autoestima y encarar con garantías de éxito el tramo final de una temporada que sólo salvará si gana la Liga de Campeones y la Copa del Rey, por mucho que antes hayan conseguido tres títulos menores como son la Supercopa de España, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes. El estado de desguace y depresión con el que el Barça abandonó Pamplona el pasado sábado sólo se puede invertir si Guardiola aparca sus grandes diferencias con Sandro Rosell y anuncia, anteponiendo el bien del club al suyo como ha hecho siempre, su continuidad por una temporada más en el banquillo azulgrana.
El problema es que las dudas que tiene el entrenador en estos momentos son muy grandes. Demasiado grandes. Guardiola nunca ha confiado en Sandro Rosell. No se fía de él ni un pelo porque conoce, porque ya le han llegado de muchas personas, todos los comentarios despectivos que han salido de boca del presidente y de la junta directiva hacia su persona y hacia algunos de sus colaboradores como Manel Estiarte. Guardiola está harto del desgaste que le provoca ser el paraguas bajo el que se esconde un presidente frágil, sin personalidad y con escasas dosis de mando que, además, está poniendo en peligro la estabilidad económica de grandes amigos del entrenador como son las familias de los ex directivos Rafael Yuste, Alfons Godall, Joan Boix, Alfonso Castro, Josep Cubells, Albert Perrín y Jaume Ferrer, que pueden perder todas sus propiedades si el presidente Rosell no toma medidas y permite que el socio Vicenç Pla llegue hasta el final en sus demandas ante la justicia. Aunque escuchando a Vicenç Pla, el socio que activó 'el caso de los avales', parece que no habrá marcha atrás ya que su teoría es que "si son tan amigos, que pague Guardiola" todas las irregularidades cometidas durante el mandato de Joan Laporta.
Esta es, pues, la situación real que vive el Barça. El presidente no sólo no manda en las oficinas del Camp Nou, donde vive una situación de desbarajuste continuo como ha vuelto a quedar demostrado con el escándalo del reparto de las entradas de Leverkusen, sino que Rosell con su antigua obsesión de destruir el 'laportismo', controlar el vestuario y gestionar en persona los fichajes de futuro puede acabar dinamitando la mejor racha deportiva de la historia del Barça y provocando la marcha de Guardiola al final de temporada.
El anuncio llegará pronto
La decisión final no tardará mucho en producirse. Todo el mundo esperaba, como sucedió en las dos ocasiones anteriores, que Guardiola anunciara su decisión la semana pasada una vez el equipo se clasificó para la final de la Copa del Rey y con el Barça a punto de retomar este martes los octavos de final de la Liga de Campeones con el Bayer Leverkusen. Era el escenario perfecto. El momento ideal para anunciar su continuidad, pero no lo hizo. ¿Por qué? Pues porque Guardiola tiene muchas dudas. Fuentes cercanas al vestuario aseguraron que el técnico no tomará una decisión definitiva hasta conocer cuál es la evolución de la enfermedad de su gran amigo y ayudante Tito Vilanova. La recuperación de un tumor en la glándula parótida siempre es muy lenta y Guardiola quiere tener plenas garantías de que podrá seguir contando al cien por cien con su compañero. A Guardiola se le está haciendo muy duro tener que realizar muchos desplazamientos del Barça lejos del Camp Nou sin tener a Tito Vilanova a su lado. En este sentido, el pasado sábado sí se pudo ver a Vilanova en el banquillo del Reyno de Navarra y todo parece indicar que su recuperación es positiva gracias al trabajo que está haciendo el equipo de la doctora María Socorro Bescós. Para Guardiola es tan fundamental la continuidad de su segundo como la de su amigo, confesor y protector Manel Estiarte. Una estrecha relación, con los dos, que nunca han entendido unos directivos que sólo juzgan a los colaboradores de Guardiola por los elevados sueldos que cobran.
Haciendo un repaso rápido al calendario vemos que el anuncio definitivo sobre la continuidad o no de Guardiola se producirá en las próximas semanas. El Barça, por ejemplo, tiene dos semanas sin partido en miércoles antes de ir al Vicente Calderón, el domingo 26 de febrero para jugar contra el Atlético de Madrid, y de recibir al Sporting, el sábado 3 de febrero en el Camp Nou. Es aquí donde Guardiola debería anunciar su decisión definitiva ya que retrasarlo sería incluso muy perjudicial para la estabilidad del club como institución. Guardiola, por tanto, tiene 15 días para terminar de aclarar todas las dudas que tiene. ¿Qué debe cambiar en estas próximas dos semanas? Muchas cosas que, de entrada, parece muy complicado que lo hagan. Guardiola quiere que Rosell, una vez se ha garantizado la continuidad de todas las perlas de La Masía, ofrezca la continuidad a todo su cuerpo técnico antes de que él se pronuncie sobre su renovación. Algo que Rosell no parece dispuesto a darle. Guardiola también quiere tener plena libertad en la planificación deportiva de la próxima temporada, sobre todo a la hora de vetar la posible venta de algún jugador, como Keita y David Villa, con los que la directiva quiere hacer caja para garantizar beneficios a final de temporada .
Guardiola también quiere que Rosell lo deje de utilizar de paraguas ante los ataques que recibe el club y le ha pedido al presidente que refuerce su posición ante la Federación. Guardiola conoce la casa como nadie ya que disputó el Mundial de 1994, con Clemente, y la Eurocopa del 2000, con Camacho. Y el técnico sabe que la situación de los arbitrajes adversos que vive el Barça en la actualidad sólo cambiará si Rosell en persona coge el puente aéreo y le da su apoyo a un Ángel María Villar que se ha lanzado a los brazos del presidente del Madrid . El arbitraje de Paradas Romero en Pamplona, anulando un gol a Alexis, concediendo un gol ilegal a Osasuna, perdonando la expulsión a Raúl García y expulsando en el túnel de vestuarios a Mascherano, son la última prueba evidente de que el Barça se ha equivocado de estrategia y hay que recuperar la vieja filosofía de hacerle la pelota a Villar que tan bien practicó Joan Laporta.
Rosell pasa de la Federación
El último ejemplo de la ineficacia de Rosell lo encontramos en la reunión que mantendrán hoy lunes representantes del Barça y el Athletic para decidir la sede de la final de Copa. Mientras el equipo vasco estará representado por su presidente y su vicepresidente, el Barça enviará a Antoni Rossich y Toni Freixa, porque el presidente, se ve que tiene cosas más importantes que hacer.
Guardiola también quiere que se acaben de una vez por todas las filtraciones contra los miembros de su cuerpo técnico y contra sus jugadores. Pero, por encima de todo, Guardiola desea que Rosell tome conciencia del daño que le esta haciendo a las familias de los directivos que estando afrontando el 'caso de los avales' y la acción de responsabilidad social, donde le piden 47,6 millones de euros a la directiva de Joan Laporta por las pérdidas acumuladas durante su mandato. A Guardiola le hace mucho daño ver como desde el club se quiere destruir a familias enteras de amigos suyos como Rafael Yuste, que quedará arruinado si el juez falla en contra de sus intereses en estos dos casos. A Guardiola, aseguran fuentes cercanas al entrenador, hay muchos días que, tras hablar con Rosell, le vienen ganas de ganar la Champions, el 19 de mayo en Múnich, y la Copa del Rey contra el Athletic para dejar el Barça, hacerle un corte de mangas a Rosell y salir por la puerta grande habiendo ganado 15 títulos de 19 posibles.
Pero el técnico es una persona responsable y un culé de toda la vida que nunca dejará tirado al Barça. Como siempre ha defendido su gran amigo y valedor, Evarist Murtra, "Guardiola siempre tomará la decisión que le vaya mejor al Barça". Y, en este sentido, el técnico estaría dispuesto a quedarse, a pesar de sus diferencias con Rosell, porque sabe que su marcha provocaría una hecatombe de dimensiones brutales en un club que tiene un presidente que no manda y que ansía intervenir en la política de fichajes del Barça.
Guardiola sabe que, a su vez, tiene un compromiso muy fuerte con sus jugadores, los mismos a los que pidió un esfuerzo y compromiso mayor a principio de temporada. Guardiola considera que acabar la temporada ganando las dos Supercopas de España y Europa, el Mundial de Clubes, la Champions y la Copa del Rey sería un éxito brutal. El técnico sabe que tiene un compromiso personal con hombres como Alexis y Cesc que vinieron al Barça por él y, además, no quiere dejar la tutela de la carrera de hombres como Thiago, Sergi Roberto, Bartra, Fontàs, Jonathan dos Santos , Cuenca, Tello, Montoya o Muniesa en manos de otro entrenador que no entienda la filosofía de la casa. Esta es la carta que juega más fuerte a favor de la continuidad de Guardiola y que le puede hacer olvidar la idea de marcharse a entrenar fuera de Cataluña. Guardiola, además, sabe que esta junta directiva irá a por jugadores como Piqué, Alvés o Puyol ya que entienden que su vida personal se ha dispersado un poco hasta el extremo de haberse convertido en demasiado protagonistas de las revistas del corazón. Guardiola también sabe que él es capaz de dominar y reconducir esta situación con su pareja de centrales titular y con el lateral brasileño. Es por este motivo, por el compromiso con el Barça y sus jugadores, como ocurre en el caso de Messi, que Guardiola está dispuesto a regalarle un año más a Rosell, aunque no tiene ningún tipo de feeling con el presidente y mucho menos con personas muy cercanas a él como Toni Freixa, el secretario y portavoz de la junta directiva, que lidera la lucha para destruir todo lo que representa la figura de Joan Laporta en el Barça.
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