La suciedad llega al vestuario
No me gusta lo que veo. Este Barça no funciona. No 'tira'. No. Ha perdido el hambre. Las ganas. El empuje. Falta concentración. No están bien los hombres de Guardiola. Ni Guardiola. La suciedad que se mueve por las altas esferas, el hedor de la que hace meses que alertamos desde GOL ha empezado a pasar factura a un vestuario harto de filtraciones y rumores que señalan hacia su persona, su vida privada y que están firmados por miembros de la directiva que disparan y comparan algunos 'tics' del actual Barça con la peor etapa de Rijkaard. Eso sí: ??sin hacer nada. Ni mover un dedo.
No busca soluciones la Junta. Ni genera puentes de diálogo con el entrenador y los suyos. Todo lo contrario. A cada tropiezo del equipo le sigue un nuevo palo que señala a uno o a otro y que coloca al grupo en el punto de mira. Y los jugadores están hartos. No entienden que las peores críticas lleguen desde dentro. Se sienten vendidos. Solos. Y cabreados. El desgobierno en la entidad ya pasa factura y el mejor Barça de todos los tiempos está en peligro.
Sandro Rosell hace tiempo que ha dejado de hacer de presidente. Y Guardiola se ha cansado de tapar y tapar y tapar las carencias de una directiva amateur. El vacío de poder en el club es grande, enorme, y la pelea por la sucesión, para tomar las riendas de la entidad y optar a la presidencia en 2016, constante. Un hecho que ha ensuciado las relaciones entre los miembros de la Junta, convirtiendo la directiva del Barça en un serial para entregados que recuerda más a las tramas de 'El Padrino' que a un grupo que trabaja unido en una sola dirección. Las envidias, traiciones y mentiras están a la orden del día. Y la desconfianza se ha disparado. Los intereses personales pasan por encima de los de la entidad. Y hay quien ya piensa en cómo cerrar la aventurilla del Barça en positivo. Bonito, bonito, bonito.
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